Inauguro una columna que se llamaba “Rojas Joven” en el diario Chispa, después de que me echaran de La Voz de Rojas. Primero me dan una columna, después me dan dos, después me dan tres. Y después me dan una página. Porque tengo mucho éxito, hablaba de los problemas de los que nadie hablaba. De problemas sociales, reales. ¿Viste?, problemas concretos. Resulta que se venian unas elecciones. El peronismo estaba proscripto, eso me acuerdo absolutamente. Y eran como unas elecciones como si yo dijera de gobernador para abajo. Y el peronismo proscripto, lo recuerdo perfectamente. Uno de los partidos que se presentaba era el Socialista, con un tipo que se llamaba Juan Carlos Coral. Bueno, el tipo era importante porque tenía una imagen parecida a Alfredo Palacios. Primero era seguidor de Palacios, y el tipo se había mimetizado totalmente con Palacios. Tenía los mismos bigotes que Palacios. Era muy impresionante. Y además era del socialismo de Palacios. Y al estar el peronismo proscripto prácticamente las luchas se daban entre el radicalismo y el socialismo. Entonces un día voy al diario, y ellos me dicen: “Che, viene Coral, viene Coral”. Estaba haciendo campaña y me dicen que viene a un lugar que no recuerdo bien pero que era en la concha del mono, en la otra punta del pueblo. “Tenés que ir a cubrir una charla que va a dar Coral.” “Ah, bueno, sí, dame el grabador.” “Uy, che, ¿dónde está el grabador?. Uy, la puta madre, al grabador se lo llevaron.” “Bueno, se viene la hora, me voy, tomo notas”. Y voy a cubrir la nota de Coral.

Bien, el enfrentamiento era entre el socialismo y el radicalismo. Bueno el candidato a intendente del radicalismo era un tipo que era el dueño del supermercado del pueblo. Se comentaba que el tipo explotaba a sus empleados, que los tenía en negro, no les pagaba horas extras. Este era el contexto. Y en ese contexto, yo voy y escucho lo que dice Coral, tomo nota. En un un momento Coral dice: “Porque el candidato de la oposición es un explotador”. U otras palabras del momento, como imperialista. Dice todo eso, así, “el candidato de la oposición es un tratrata...” Yo vuelvo al diario y, mirá vos, yo escribo: “Coral dijo que el candidato de la oposición, el señor tanto, es un no sé qué” y dejo la nota y me voy a dormir. Tranquila, yo cumplí.

Serían las dos de la mañana, cuando... La secuencia fue así. Creo que entre las dos y las cuatro de la mañana se decidió mi vida. Tocaron el timbre los radicales para matarme, los socialistas para matarme también. Porque es un pueblo y no querían que saliera impreso con nombre y apellido lo que había dicho Coral. Después me di cuenta, Coral habia tenido cuidado de no decir el nombre del candidadato. Ese fue el tema. “El candidato de la oposición”, decía. No lo nombró. Todo el mundo sabía. Se acabó mi carrera, me echaron de todos lados... todo un desastre...

Yo no tenía muchos amigos, tenía una amiga muy querida muy querida que la sigo teniendo y que sigue viviendo en el pueblo, porque alguien con conciencia de lucha que viva en el pueblo es insoportable. Todos mis amigos estaban en Córdoba. Se estaba poniendo cada vez más espeso. Era el 72. Sin moverme de Rojas, le escribo una carta a un chabón que había sido del pueblo. Y cómo habrá sido el tenor de la carta, que el tipo me manda a llamar y me da trabajo. No lo conocía ni nada. Porque alguien me dio la dirección, me dijo él trabaja en un laboratorio, en el departamento de propaganda de un laboratorio. Un tipo que dice que había sido de Rojas, que yo no lo conocía ni nada, y se ve que le toqué algo, alguna fibra con la carta. El tipo siempre me lo decía: “No sé por qué te llamé ni nada, no te conocía ni nada”. Porque era muy osado decirle a alguien “si venite”. Y me vine a Buenos Aires, y fue por la carta. El tipo me dijo, por la carta. Yo confío en la palabra escrita. Una locura. Va más allá de la razón. Y siempre fue por la palabra escrita. No tanto por la palabra hablada. Era el poder de la palabra escrita. Igual digamos con la palabra se cumplió ese mito, uno se construye el mito, una historia fundacional que tiene que ver con el poder de la palabra.

(Desgrabación textual de una charla de Margarita Roncarolo con Malena Saito)

 

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